Les voy a contar la historia de un amigo.
Es un buen pibe, seguramente y si lo conocieran, sería probable que les caiga
muy bien.
Resulta que este muchacho, en una especie de bar, una noche de sábado conoció
a una chica, hará cosa de un mes, mes y medio. Como ella estaba con amigas y él
con los suyos, intentó acercarse y hablarle, al darse cuenta que había causado
una buena impresión, continuó diciéndole que le gustaría agregarla al “Face”
para continuar charlando otro día, más tranquilos.
Ella accedió gentilmente, y así, luego de los 2 día reglamentarios, se
hicieron
amigos.
En la semana cruzaron varias veces un par de líneas, pero no fue hasta el
jueves de noche cuando ella pudo abrirse un poco y lograron cierta afinidad, si
bien no había pasado nada, ellos ya presentían que tenían varias cosas en común.
Pero aún así, mi amigo siguió remando y remando. Logró que, pareciendo
casualidad, pudieran verse un par de veces más. Lamentablemente para él la
ciudad donde viven no es algo que tengan en común, así que su remada, sería mas
larga, con la corriente en contra, pero remaba.
Luego de varios encuentros un viernes de noche llegó, muy sutilmente, el
primer beso, y ahí, como suelen suceder en estos casos, se genera una relación
muy linda, de desconocidos que se están conociendo, les gusta lo que van
conociendo y además sienten que ya lograron algo. Aún a sabiendas de que él la
iba a ver poco y de las dificultades que conlleva la distancia.
Me alegré por mi amigo.
2 o 3 días mas tarde, un amigo de mi amigo (curiosamente, también es amigo
mío) que podría ser el mejor ejemplo a usar en un curso sobre
“lo que no hay
que hacer en las redes sociales” lo etiquetó, además de ponerla en el muro
del personaje del que estábamos hablando, en una foto.
Era una foto de una mina y en el título decía “la mejor que conseguí de esa
que vivís hablando”.
Si, un tremendo boludo, lo incineró públicamente al ya, pobrecito, amigo;
Quebrando, de paso, varios códigos de amistad logrados en años de asados,
pizzeadas y torneos de PES.
Así que este muchacho, cuando abrió su “Face”, además de la foto en su muro
de esta chica (que no tiene nada que ver, encima), vio que el iconito de
mensajes estaba rojito. Hizo clic y leyó un mensaje bastante desalentador.
Esta chica se había enojado y desilusionado, mucho.
Muchos dicen que directamente no hay que tener Facebook, otros que si.
Yo soy de los que dicen que si te gusta lo tengas, pero que configures
bien la privacidad. Mi amigo es realmente un buen tipo, no lo duden, y
como la gran mayoría, hablamos de minas cuando nos juntamos
(además de otras
cosas como fútbol, autos y… ¿PES?). Al igual que las minas hablan de tipos
y de… cosas de minas cuando se juntan.
Eso lo aceptamos socialmente, el
tema es cuando las cosas explotan en nuestra cara en una red social.
Porque una cosa es un chisme, y otra cosa es, directamente, verlo.
En fin, para que no les pase lo de mi amigo, o algo similar, deben:
1) Ir a
Inicio > Configuración
de la privacidad y bajar a biografía y etiquetado.
2) Hacemos clic en Editar la configuración, y la dejamos así.
Ahora si, podés decir tranquilamente “ese Facebook es para puteríos”, estando
tranquilo.
Nota del autor: Los personajes de esta historia son ficticios, cualquier
parecido con personajes reales es pura coincidencia. Los nombres de los
personajes y algunas situaciones se han modificado para evitar cualquier tipo de
problemas como linchamientos, golpizas u enojos eternos. De hecho, quizás nada
de esto haya pasado, aunque lo más importante es que a vos no te pase.
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